viernes, 25 de julio de 2014

Lección 206 UCDM


Lección 206.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.


(186) DE MÍ DEPENDE LA SALVACIÓN DEL MUNDO.


Se me han confiado los dones de Dios porque soy Su Hijo. Ydeseo otorgarlos allí donde Él dispuso que se dieran.


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

jueves, 24 de julio de 2014

Lección 205 UCDM


Lección 205.

No soy un cuerpo. Soy libre, Pues aún soy tal como Dios me creó.


(185) DESEO LA PAZ DE DIOS.


La paz de Dios es lo único que quiero. La paz de Dios es mi única meta, la mira de todo mi vivir aquí, el fin que persigo, mi propósito, mi vida y mi función, mientras habite en un lugar que no es mi hogar.


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

miércoles, 23 de julio de 2014

Lección 204 UCDM


Lección 204.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.


(184) EL NOMBRE DE DIOS ES MI HERENCIA.


El Nombre de Dios me recuerda que yo soy Su Hijo; que no soy esclavo del tiempo; que no estoy sujeto a las leyes que gobiernan el mundo de las ilusiones enfermizas, y que soy libre en Dios y eternamente uno con Él. 


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

martes, 22 de julio de 2014

Lección 203 UCDM


Lección 203.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.


(183) Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.
El Nombre de Dios es mi liberación de todo pensamiento de maldad y de pecado porque es mi nombre, así como el de Él.


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

lunes, 21 de julio de 2014

Lección 202 UCDM


Lección 202

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

(182) PERMANECERÉ MUY QUEDO POR UN INSTANTE E IRÉ A MI HOGAR.

¿Por qué habría de elegir quedarme un solo instante más donde no me corresponde estar, cuando Dios Mismo me ha dado Su Voz, la cual me exhorta a retornar a mi hogar?

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

domingo, 20 de julio de 2014

Lección 201 UCDM


Lección 201

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

(181) CONFÍO EN MIS HERMANOS, QUE SON UNO CONMIGO.

No hay nadie que no sea mi hermano. He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad que es mi Ser, el cual es eternamente uno conmigo.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

sábado, 19 de julio de 2014

Lección 200 UCDM


Lección 200

NO HAY MÁS PAZ QUE LA PAZ DE DIOS.
Deja de buscar. No hallarás otra paz que la paz de Dios. Acepta este hecho y te evitarás la agonía de sufrir aún más amargos desengaños, o de verte invadido por una sombría desesperación y una gélida sensación de desesperanza y de duda. Deja de buscar. No puedes hallar otra cosa que la paz de Dios, a no ser que lo que busques sea infelicidad y dolor.

Este es el punto final al que en última instancia todo el mundo tiene que llegar para dejar de lado toda esperanza de hallar felicidad allí donde no la hay; de ser salvado por lo que tan sólo puede causar dolor; y de hacer paz del caos, dicha del dolor y Cielo del infierno. No sigas tratando de ganar por medio de la pérdida ni de morir para vivir. Pues no estarás sino pidiendo la derrota.

No obstante, con la misma facilidad puedes pedir amor, felicidad y vida eterna en una paz que no tiene fin. Pide esto, y sólo puedes ganar. Pedir lo que ya tienes te lleva al éxito. Pedir que lo que es falso sea verdadero sólo puede conducir al fracaso. Perdónate a ti mismo tus vanas imaginaciones y deja de buscar lo que no puedes encontrar. Pues, ¿qué podría ser más absurdo que buscar el infierno una y otra vez cuando no tienes más que abrir los ojos y mirar para darte cuenta de que el Cielo se encuentra ante ti, allende el umbral de una puerta que se abre fácilmente para darte la bienvenida?

Regresa a casa. Jamás encontraste felicidad en lugares extraños, ni en formas que te son ajenas y que no tienen ningún significado para ti, si bien trataste de que lo tuvieran. No te corresponde estar en este mundo. Aquí eres un extraño. Pero te es dado encontrar los medios a través de los cuales el mundo deja de parecer una prisión o una cárcel para nadie.

Se te concede la libertad allí donde no veías más que cadenas y puertas de hierro. Mas si quieres hallar escapatoria tienes que cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo. Permanecerás encadenado hasta que veas el mundo como un lugar bendito, liberes de tus errores a cada hermano y lo honres tal como es. Tú no lo creaste, así como tampoco te creaste a ti mismo. Y al liberar a uno, el otro es aceptado tal como es.

¿Qué función tiene el perdón? En realidad no tiene ninguna, ni hace nada, pues es desconocido en el Cielo. Es sólo en el infierno donde se le necesita y donde tiene una formidable función que desempeñar. ¿No es acaso un propósito loable ayudar al bienamado Hijo de Dios a escapar de los sueños de maldad, que aunque son sólo fabricaciones suyas, él cree que son reales? ¿Quién podría aspirar a más, mientras parezca que hay que elegir entre el éxito y el fracaso, entre el amor y el miedo?

No hay más paz que la paz de Dios porque Él sólo tiene un Hijo, que no puede construir un mundo en oposición a la Voluntad de su Padre o a la suya propia, la cual es la misma que la de Él. ¿Qué podría esperar encontrar en semejante mundo? Este no puede ser real, ya que nunca fue creado. ¿Es acaso ahí adonde iría en busca de paz? ¿O bien tiene que darse cuenta de que tal como él ve el mundo, éste sólo puede engañar? Puede aprender, no obstante, a verlo de otra manera y encontrar la paz de Dios.

La paz es el puente que todos habrán de cruzar para dejar atrás este mundo. Pero se empieza a tener paz en él cuando se le percibe de otra manera, y esta nueva percepción nos conduce hasta las puertas del Cielo y lo que yace tras ellas. La paz es la respuesta a las metas conflictivas, a las jornadas insensatas, a las búsquedas vanas y frenéticas y a los empeños sin sentido. Ahora el camino es fácil, y nos conduce por una ligera pendiente hasta el puente donde la libertad yace dentro de la paz de Dios.

No volvamos a perder el rumbo hoy. Nos dirigimos al Cielo, y el camino es recto. Sólo si procuramos desviarnos podemos retrasarnos y perder el tiempo innecesariamente por escabrosas veredas. Sólo Dios es seguro, y Él guiará nuestros pasos. Él no abandonará a Su Hijo necesitado, ni permitirá que se extravíe para siempre de su hogar. El Padre llama; el Hijo le oirá. Y eso es todo lo que hay con respecto a lo que parece ser un mundo separado de Dios, en el que los cuerpos son reales.

Ahora reina el silencio. Deja de buscar. Has llegado a donde el camino está alfombrado con las hojas de los falsos deseos que antes anhelabas, caídas ahora de los árboles de la desesperanza. Ahora se encuentran bajo tus pies. Y tú levantas la mirada y miras al Cielo con los ojos del cuerpo, que ahora te sirven sólo por un instante más. Por fin la paz ha sido reconocida, y tú puedes sentir como su tierno abrazo envuelve tu corazón y tu mente con consuelo y amor.

Hoy no buscamos ídolos. La paz no se puede encontrar en ellos. La paz de Dios es nuestra, y no habremos de aceptar o querer nada más. ¡Que la paz sea con nosotros hoy! Pues hemos encontrado una manera sencilla y grata de abandonar el mundo de la ambigüedad; y de reemplazar nuestros objetivos cambiantes por un solo propósito, y nuestros sueños solitarios por compañerismo. Pues la paz es unión, si procede de Dios. Hemos abandonado toda búsqueda. Nos encontramos muy cerca de nuestro hogar, y nos acercamos aún más a él cada vez que decimos:

No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.