martes, 14 de junio de 2016

Lección 166 UCDM


Lección 166

Se me han confiado los dones de Dios.
Se te ha dado todo. La confianza que Dios tiene en ti es infinita. Él conoce a Su Hijo. Él da sin hacer excepciones y sin reservarse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?

He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. Esto es claramente imposible, mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores, o mejor dicho en uno: él mismo. Mas nunca en un solo Dios.

Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios, pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó.

He aquí el único hogar que cree conocer. He aquí la única seguridad que cree poder encontrar. Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e incluso de quién es en realidad.

No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. No puede perderlos. Pero no ve lo que se le ha dado. Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme él sigue adelante sin ir a ninguna parte. Pero aun así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.

Su aspecto da lástima, está cansado y rendido, viene harapiento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha venido recorriendo. No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. Mas, ¿es su situación realmente trágica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?

Este es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. No les haces caso. Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del autoengaño y quedes en libertad.

Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. ¿Cómo podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. ¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que procuraste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?

Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo. Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro, y ya no te sientes solo. Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste recorrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.

La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es. No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. Hubo una necesidad que Él no entendió, y Él simplemente dio una Respuesta. Eso es todo. Y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.

Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. El deseo de morir ha recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contemplaba a la muerte ha sido sustituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: “Eso no es cierto”. Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.

Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. Los dones que posees no son sólo para ti. Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. Esta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocultarte de Dios. Él te ha recordado todos los dones con los que Dios te bendijo. Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de convertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.

Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. Les puedes enseñar esto demostrándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo y que reconocen los dones de Dios. No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.

Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. Tus lágrimas son las suyas. Si enfermas, no haces sino impedir su curación. Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justificados. Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.

No lo defraudes. Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. Dios te ha confiado Sus dones. ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora. Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. Él ha compartido Su gozo contigo. Áhora tú vas a compartirlo con el mundo.

lunes, 13 de junio de 2016

Lección 165 UCDM


Lección 165

Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.
¿Qué es lo que hace que este mundo parezca real sino tu negación de la verdad que se encuentra más allá de él? ¿Qué otra cosa sino tus pensamientos de aflicción y de muerte ensombrecen la perfecta felicidad y vida eterna que la Voluntad de tu Padre dispone para ti? ¿Y qué otra cosa sino las ilusiones podrían ocultar lo que no puede ser ocultado? ¿Qué podría privarte de lo que te pertenece sino tu propia decisión de no verlo, al negar que se encuentra ahí?

El Pensamiento de Dios te creó. Y no te ha abandonado, ni tú has estado nunca separado de él ni siquiera por un instante. Te pertenece. Gracias a él vives. Es tu Fuente de vida, pues te mantiene unido a él, y todo es uno contigo porque él jamás te abandonó. El Pensamiento de Dios te protege, cuida de ti, hace que tu lecho sea mullido y allana tu camino, al iluminar tu mente con gozo y amor. Tanto la eternidad como la vida eterna refulgen en tu mente porque el Pensamiento de Dios no te ha abandonado y todavía se encuentra en ti.

¿Quién negaría su seguridad, su paz, su alegría, su curación y tranquilidad de espíritu, así como su sereno descanso y apacible despertar, si reconociese dónde se encuentran? ¿No se prepararía de inmediato para salir a su encuentro, abandonando todo lo demás como algo sin valor en comparación? Y una vez que los hubiera encontrado, ¿no se aseguraría de que permanecieran con él y él con ellos?

No niegues el Cielo. Hoy se te concede sólo con que lo pidas. No es necesario tampoco que percibas cuán grande es este regalo ni cuánto habrá cambiado tu mente antes de que te llegue. Pídelo y se te concederá. La convicción radica en él. Hasta que no le des la bienvenida como algo que te pertenece, seguirás en la incertidumbre. Mas Dios es justo. No tienes que tener certeza para recibir lo que sólo tu aceptación puede otorgar.

Pide con fervor. No tienes que estar seguro de que lo que estás pidiendo es lo único que deseas. Mas cuando lo hayas recibido sabrás que estás en posesión del tesoro que siempre anhelaste. ¿Por qué otra cosa ibas a querer intercambiarlo? ¿Qué podría inducirte ahora a dejarlo desaparecer de tu extática visión? Pues verlo te demuestra que has cambiado tu ceguera por los ojos videntes de Cristo, y que tu mente ha decidido abandonar la negación y aceptar el Pensamiento de Dios como tu herencia.

Y ahora las dudas son cosa del pasado, el final de la jornada es indudable y se te ha concedido la salvación. Ahora el poder de Cristo mora en tu mente, para que puedas curar tal como fuiste curado. Pues ahora te cuentas entre los salvadores del mundo. Ése es tu único destino. ¿Consentiría Dios acaso que Su Hijo permaneciese eternamente hambriento por haberse negado a sí mismo el sustento que le es menester para poder vivir? La abundancia mora en él, y la privación no puede separarlo del Amor vivificante de Dios, ni de su hogar.

Practica hoy lleno de esperanza. Pues tener esperanzas está ciertamente justificado. Tus dudas no tienen sentido, pues Dios goza de perfecta certeza. Y el Pensamiento de Él nunca está ausente. La certeza no puede sino morar en ti que eres Su anfitrión. Este curso elimina toda duda que hayas interpuesto entre Él y tu certeza acerca de Él.

Contamos con Dios, no con nosotros mismos, para que nos dé certeza. Y en Su Nombre practicamos tal como Su Palabra nos indica que hagamos. Su certeza se encuentra tras cada una de nuestras dudas. Su Amor, tras cada uno de nuestros temores. El Pensamiento de Él todavía se encuentra en nuestras mentes más allá de todo sueño, tal como Su Voluntad dispone.

domingo, 12 de junio de 2016

Lección 164 UCDM


Lección 164

Ahora somos uno con Aquél que es nuestra Fuente

¿En qué otro momento sino ahora mismo puede reconocerse la verdad?. El presente es el único tiempo que hay. Y así, hoy, en este mismo instante, ahora mismo, podemos contemplar lo que se encuentra ahí eternamente, no ante nuestra vida sino ante los ojos de Cristo. Él mira más allá del tiempo y ve la eternidad representada allí. Él oye los sonidos que engendra el insensato y ajetreado mundo, aunque muy levemente. Pues más allá de ellos Él oye el himno del cielo y la voz que habla por Dios con más claridad, con más sentido y más de cerca.

El mundo desaparece fácilmente ante su vista. Sus sonidos se vuelven más tenues. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se vuelve cada vez más clara: una Llamada Ancestral a la que Cristo da una respuesta ancestral. Tú reconocerás tanto una como otra, pues no son sino tu propia respuesta a la llamada que te hace tu padre. Cristo responde por ti, haciéndose eco de tu Ser, usando tu voz para dar Su jubiloso consentimiento y aceptando tu liberación por ti.

¡Cuán santas son tus prácticas hoy, al darte Cristo su visión, al oír por ti y al contestar en tu nombre la Llamada que Él oye!. ¡Cuán serenos son los momentos que pasas con Él, más allá del mundo!. ¡Cuán fácilmente te olvidas de todos tus aparentes pecados y dejas de recordar todos tus pesares!. En este día se dejan de lado las aflicciones, pues a ti, que hoy aceptas los dones que él te da, te resultan claros los sonidos y las vistas procedentes de aquello que está más cerca de ti que el mundo.

Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado. Hoy recordarás todo esto. La fe con la que practiques hoy te aportará recompensas tan grandes y tan radicalmente diferentes de todas las cosas que antes perseguías, que sabrás que ahí está tu tesoro y tu descanso.

Este es el día en que todas las vanas imaginaciones se descorren como si de una cortina se tratase, para revelar lo que se encuentra tras ellas. Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas las sombras que parecían ocultarlo simplemente se sumergen en la nada. Ahora se recupera el equilibrio, y la balanza del juicio se deja en manos de Aquel que juzga correctamente. Y mediante Su juicio, se desplegará ante tus ojos un mundo de perfecta inocencia. Ahora lo contemplarás con los ojos de Cristo. Ahora su transformación te resultará evidente.

Hermano, éste es un día sagrado para el mundo. La visión que se te ha concedido, la cual procede de mucho más allá de todas las cosas del mundo, las contempla ahora bajo una nueva. luz. Y lo que ves se convierte en la curación y salvación del mundo. Tanto lo valioso como lo insignificante se percibe y se reconoce tal como es. Y lo que es digno de tu amor recibe tu amor, y no queda nada que puedas temer.

Hoy no juzgaremos. No recibiremos sino aquello que nos llega procedente de un juicio que se emitió desde más allá del mundo. Nuestras prácticas de hoy se convierten en un regalo de gratitud por nuestra liberación de la ceguera y de la aflicción. Todo cuanto veamos no hará sino aumentar nuestra dicha, pues su santidad refleja la muestra. Nos alzamos perdonados ante los ojos de Cristo, tal como el mundo se alza perdonado ante los nuestros. Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de Su visión redentora, no a través de la nuestra.

Descorre la cortina durante tus prácticas renunciando simplemente a todo lo que crees desear.Guarda tus frívolos tesoros, y deja un espacio limpio y despejado en tu mente donde Cristo pueda venir a ofrecerte el tesoro de la salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo. ¿Acaso no es este propósito digno de ser tu objetivo? ¿No es la visión de Cristo algo digno de procurarse en lugar de todos los objetivos mundanos que no producen ninguna satisfacción?

No dejes que este día transcurra sin que los regalos que tiene reservados para ti reciban tu aprobación y aceptación. Si los reconoces, podemos cambiar el mundo Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación de ellos le ofrece al mundo. Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento por dicha hoy mismo. Practica con fervor y ése será tu regalo. ¿Iba Dios a engañarte? ¿Podría dejar Él de cumplir Su promesa? ¿Le negarías lo poco que te pide cuando Sus Manos le ofrecen a Su Hijo la salvación en su totalidad?

sábado, 11 de junio de 2016

Lección 163 UCDM


Lección 163

La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre.

La muerte es un pensamiento que adopta muchas formas, las cuales a menudo no se reconocen. La muerte puede manifestarse en forma de tristeza, miedo, ansiedad o duda; en forma de ira, falta de fe y desconfianza; preocupación por el cuerpo, envidia, así como en todas aquellas formas en las que el deseo de ser como no eres pueda venir a tentarte. Todos ésos pensamientos no son sino reflejos de la veneración que se le rinde a la muerte como salvadora y portadora de la liberación.

En cuanto que encarnación del miedo, anfitrión del pecado, dios de los culpables y señor de toda ilusión y engaño, el pensamiento de la muerte parece ser muy poderoso. Pues parece encerrar a todas las cosas vivientes en sus marchitas manos y a todos los deseos y esperanzas en su puño funesto, así como percibir toda meta únicamente a través de sus ojos invidentes. Los débiles, los indefensos, así como los enfermosse postran ante su imagen, al pensar que sólo ella es real, inescapable y digna de su confianza. Pues la muerte es lo único que inevitablemente llegará.

Todas las cosas excepto la muerte parecen ser inciertas y perderse demasiado pronto independientemente de cuán difícil haya sido adquirirlas, Ninguna de ellas parece ofrecernos seguridad con respecto a lo que nos ha de brindar, y son propensas a defraudar las esperanzas que una vez nos hicieron abrigar y a dejar tras sí un mal sabor de boca, en lugar de aspiraciones y sueños. Pero con la muerte se puede contar. Pues vendrá con pasos firmes cuando haya llegado su hora: Jamás cesará de tomar todo lo que tiene vida como rehén.

¿Te postrarías ante ídolos como éste? Aquí la fortaleza y el poderío de Dios Mismo se perciben dentro de un ídolo hecho de barro. Aquí se proclama que lo opuesto a Dios es señor de toda la creación, más fuerte que la Voluntad de Dios por la vida, o que la infinitud del amor y la perfecta e inmutable constancia del Cielo. Aquí por fin se derrota la Voluntad del Padre y del Hijo; y se entierra bajo la lápida que la muerte ha colocado sobre el cuerpo del santo Hijo de Dios.

Impío ahora debido a la derrota, el Hijo de Dios se ha convertido en lo que la muerte quiere hacer de él. En su epitafio, que la muerte ha escrito, no se menciona su nombre, pues ha pasado a ser polvo. En él sólo se menciona lo siguiente: “Aquí yace un testigo de que Dios ha muerto”. Y esto es lo que la muerte escribe una y otra vez, mientras sus veneradores asienten, y postrándose con sus frentes en el suelo, susurran llenas de miedo que así es.

Es imposible venerar a la muerte en cualquiera de las formas que adopta, y al mismo tiempo seleccionar unas cuantas que no favoreces y que incluso deseas evitar, mientras sigues creyendo en el resto. Pues la muerte es total. O bien, todas las cosas mueren, o bien, todas viven y no pueden morir. En esto no hay términos medios. Pues aquí nos encontramos de nuevo ante algo que es obvio y que debemos aceptar si queremos gozar de cordura: lo que contradice totalmente un pensamiento no puede ser verdad, a menos que se haya demostrado la falsedad de su opuesto.

La idea de que Dios ha muerto es algo tan descabellado que incluso a los dementes les resulta difícil creerlo. Pues implica que Dios estuvo vivo una vez y que de alguna manera murió, aparentemente asesinado por aquellos que no querían que sobreviviese. Al ser la voluntad de éstos más fuerte, pudo vencer a la suya y, de esta manera, la vida eterna sucumbió ante la muerte. Y al morir el Padre, murió también el hijo.

Puede que los que veneran la muerte tengan miedo. Sin embargo, ¿Pueden ser realmente temibles estos pensamientos?. Si se diesen cuenta de que eso es lo que creen, se liberarían de inmediato. Esto es lo que tú les vas a mostrar hoy. La muerte no existe, y renunciamos a ella en todas sus formas, por la salvación de ellos, así como por la nuestra. Dios no creó la muerte. Cualquier forma que adopte, por lo tanto, tiene que ser una ilusión. Esta es la postura que hoy adoptamos. Y se nos concede poder mirar allende la muerte, y ver la vida que se encuentra más allá.

Padre nuestro, bendice hoy nuestros ojos. Somos Tus Emisarios, y deseamos contemplar el glorioso reflejo de tu amor que refulge en todas las cosas. Vivimos y nos movemos únicamente en Ti. No estamos separados de tu vida eterna. La muerte no existe, pues la muerte no es Tu Voluntad. Y moramos allí donde Tú nos ubicaste, en la vida que compartimos Contigo y con toda cosa viviente, para ser como Tú y parte de Ti para siempre. Aceptamos Tus Pensamientos como nuestros, y nuestra voluntad es una con la Tuya eternamente. Amén.

viernes, 10 de junio de 2016

Lección 162 UCDM


Lección 162


Soy tal como Dios me creó.

Sólo con que mantuvieses este pensamiento fijo en la mente, el mundo se salvaría. Lo repetiremos de vez en cuando, según vayamos alcanzando nuevos niveles en nuestro aprendizaje. Y a medida que avances tendrá cada vez más significado para ti. Estas palabras son sagradas, pues son las palabras que Dios dio como respuesta al mundo que tú construiste. Con ellas éste desaparece, y todo lo que se ve en sus brumosas nubes y vanas ilusiones se desvanece cuando se pronuncian estas palabras, pues proceden de Dios.

He aquí la Palabra mediante la cual el Hijo se convirtió en la felicidad de Su Padre, en Su Amor y en Su compleción. He aquí donde se proclama la creación y donde se honra tal como es. No hay sueño que no se disipe con estas palabras; no hay pensamiento de pecado o ilusión en dicho sueño que no se desvanezca ante su poder. Estas palabras son la trompeta del despertar que resuena por todo el mundo. Los muertos despiertan en respuesta a su llamada. Y los que viven y oyen este sonido jamás verán la muerte.

Santo es en verdad aquel que hace suyas estas palabras; que se levanta con ellas en su mente, las recuerda a lo largo del día, y por la noche se las lleva consigo al irse a dormir. Sus sueños son felices y su descanso está asegurado, su seguridad es indudable y su cuerpo goza de perfecta salud porque duerme y despierta con la verdad ante sí en todo momento. Salvará al mundo porque le da a éste lo que él mismo recibe cada vez que practica las palabras de la verdad.

Nuestra práctica de hoy es muy simple. Pues las palabras que utilizamos son poderosas y no necesitan pensamientos adicionales para poder producir un cambio en la mente de aquel que las utiliza. Este cambio es tan absoluto, que ahora dicha mente se convierte en la tesorería en la que Dios deposita todos Sus dones y todo Su Amor, para que sean distribuidos por todo el mundo, se multipliquen al darse y se conserven intactos porque su compartir es ilimitado. Y así aprendes a pensar con Dios. La visión de Cristo ha restaurado tu vista al haber rescatado tu mente.

Hoy te honramos a ti. Tienes derecho a la perfecta santidad que ahora aceptas. Con esta aceptación todo el mundo se salva, pues, ¿quién seguiría abrigando el pecado cuando una santidad como ésta ha bendecido al mundo? ¿Quién podría desesperarse cuando la perfecta dichaes suya y está al alcance de todos como remedio para el pesar y la miseria, para toda sensación de pérdida y para escapar totalmente del pecado y la culpabilidad?

Y ¿quién no sería ahora un hermano para ti, al ser tú su salvador y redentor? ¿Quién no te abriría su corazón amorosamente, ansioso de unirse a uno que es tan santo como él? Tú eres tal como Dios te creó. Estas palabras disipan la noche, y ya no hay más oscuridad. La luz ha venido hoy a bendecir el mundo. Pues tú has reconocido al Hijo de Dios, y en ese reconocimiento radica el del mundo.

jueves, 9 de junio de 2016

Lección 161 UCDM


Lección 161


Dame tu bendición, Santo Hijo de Dios.

Hoy vamos a practicar de manera diferente, y a pronunciarnos en contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y darle cabida al amor. He aquí la salvación, en las simples palabras con las que practicamos la idea de hoy. He aquí la respuesta a toda tentación, pues jamás puede dejar de darle la bienvenida al Cristo allí donde antes imperaban la ira y el miedo. Aquí se consuma la Expiación, el mundo se transpone sin riesgo alguno y el Cielo queda restaurado. He aquí la respuesta que te da la Voz que habla por Dios.

La condición natural de la mente es una de abstracción total. Mas una parte de ella se ha vuelto antinatural. No ve todo como si fuese uno solo, sino que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el mundo parcial que tú ves. El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. Todo lo que oyes le trae a la mente únicamente los sonidos que ésta desea oír.

Así fue como surgió lo concreto. Y ahora son las cosas concretas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. Se las entregamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les conferimos. Él sólo se puede valer, para instruirnos, de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente, a fin de que podamos ver otro propósito en todo.

Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. Ésta es la verdad. No obstante, ¿aclaran estos pensamientos el significado de la creación? ¿Te brindan estas palabras perfecta claridad? ¿Qué parecen ser sino sonidos huecos; bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan aunque fundamentalmente incomprendidos e incomprensibles? La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede aprehender la abstracción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. Necesitamos poder ver un poco para poder aprender mucho.

Nos parece que es el cuerpo el que coarta nuestra libertad, el que nos hace sufrir y el que finalmente acaba con nuestras vidas. Sin embargo, los cuerpos no son sino símbolos de una forma específica de miedo. El miedo desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden representar lo que no tiene sentido. El amor, al ser verdad, no tiene necesidad de símbolos. Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto.

Los cuerpos atacan; las mentes no. Este pensamiento nos hace pensar sin duda en el texto, en el que se subraya con frecuencia. Ésta es la razón por la que los cuerpos se conviertentan fácilmente en símbolos del miedo. Se te ha instado en innumerables ocasiones a que mires más allá del cuerpo, pues lo que éste ve es el símbolo del “enemigo” del amor que la visión de Cristo no ve. El cuerpo es el blanco del ataque, ya quenadie piensa que lo que odia sea una mente. Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente le ordena al cuerpo a que ataque? ¿Qué otra cosa podría ser la sede del miedo sino lo que piensa en el miedo?

El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco. Tiene que percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente matar. Cuando el odio se posa sobre algo, exige su muerte tan inequívocamente como la Voz de Dios proclama que la muerte no existe. El miedo es insaciable y consume todo cuanto sus ojos contemplan, y al verse a sí mismo en todo, se siente impulsado a volverse contra sí mismo y destruirse.

Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el símbolo del miedo. Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a unirse a él otra vez: No subestimes la intensidad de la furia que puede producir el miedo queha sido proyectado. Chilla de rabia y da zarpazos en el aire deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo.

Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. Ésta es su realidad. Y en la visión de Cristo su hermosura se ve reflejada de una manera tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies. Mas en lugar de ello tomarás su mano, pues tú eres semejante a él en la visión que lo ve así. El ataque que lanzas contra él es lo que es tu enemigo, pues te impide percibir que en sus manos está tu salvación. Pídele únicamente eso y él te la dará. No le pidas que sea el símbolo de tu miedo. ¿Pedirías acaso que el amor se destruyese a si a mismo? ¿O preferirías que te fuese revelado y que te liberase?

Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes. Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. Si te propones alcanzarla, hoy lo lograrás. Y una vez que la hayas alcanzado, no estarás dispuesto a aceptar los testigos que convocan los ojos del cuerpo. Lo que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. El Cielo no se ha olvidado de ti. ¿No te gustaría acordarte de él?.

Selecciona a un hermano para que sea el símbolo de los demás y pídele la salvación. Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. Obsérvalo sonreír, y ve los gestosque le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste.Pídele lo siguiente para que él pueda liberarte:


Dame tu bendición, Santo Hijo de Dios. Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.


Y Aquel a Quien has invocado te responderá. Pues oirá en ti la Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti. La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. Cerciórate de repetirla inmediatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él el símbolo de tu miedo. Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio al Cristo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Lección 160 UCDM


Lección 160

Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.

El miedo es un extraño en los caminos del amor. Identifícate con el miedo, y te vuelves un extraño ante tus propios ojos. Y de este modo, no te conocerás a ti mismo. Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajenopara la parte de ti que cree que es real, aunque diferente de ti: ¿Quién podría estar en su sano juicio en tales circunstancias? ¿Quién sino un loco podría creer que él es lo que no es, y juzgar en contra de sí mismo?

Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena a la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad desconoce y entiende aquello que la verdad juzga como carente de sentido. Pero aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita, y sin embargo, sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que el que está en su hogar es el que es el extraño. No obstante, qué fácil sería decir: “Este es mi hogar. Aquí es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga que tengo que hacerlo”.

¿Qué razón hay para no decir esto? ¿Cuál podría ser la razón sino que has invitado a ese extraño a ocupar tu lugar, y has permitido convertirte en un extraño ante tus propios ojos? Nadie se dejaría desahuciar tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar que está más de acuerdo con sus gustos.

¿Quién es el extraño? ¿A quién no le corresponde estar en el hogar que Dios proveyó para Su Hijo, a ti o al miedo? ¿Es acaso el miedo obra Suya, creado a Su semejanza? ¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y mediante lo cual se completa a sí mismo? No hay hogar que pueda darle cobijo al amor y al miedo, pues no pueden coexistir. Si tú eres real, el miedo no puede sino ser una ilusión. Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe.

¡Qué fácilmente se puede resolver este dilema! Todo aquel que teme no ha hecho sino negar su verdadera identidad y decir: “Yo soy el extraño aquí. De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo mismo, y le doy todo cuanto pensé que era mío”. Ahora se ha exilado por fuerza, sin saber quién es, inseguro de todo, menos de esto: que él no es él mismo, y que se le ha negado su hogar.

¿En pos de qué va a ir ahora? ¿Qué podría encontrar? Alguien que se ha convertido en un extraño ante sus propios ojos no puede encontrar un hogar no importa dónde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso. Está perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño. El milagro vendrá. Pues su Ser sigue morando en su hogar. Y su Ser no ha invitado a ningún extraño ni se ha confundido a Sí Mismo con ningún pensamiento ajeno a Él. E invocará a lo que es Suyo a Sí Mismo en reconocimiento de lo que es Suyo.

¿Quién es el extraño?.¿No es acaso aquel a quien tu Ser no invoca?Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que merodea entre vosotros, pues le has cedido tu legítimo lugar. No obstante, tu Ser está tan seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hijo. Dios no está confundido con respecto a la creación. Está seguro de lo que es Suyo. Ningún extraño se puede interponer entre Su conocimiento y la realidad de Su Hijo. Él no sabe de extraños. Él está seguro de Su Hijo.

La certeza de Dios es suficiente. A aquel a quien Él reconoce como Su Hijo le corresponde estar allí donde Él estableció a Su Hijo para siempre. Él ha contestado tu pregunta: “¿Quién es el extraño?” Oye Su Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que tú no eres un extraño para tu Padre ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti. Aquel a quien Dios se ha unido es eternamente uno, pues está en su hogar en Él, y no es un extraño para Sí Mismo.

Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo. Su visión no ve extraños, sino que contempla a los Suyos y se une a ellos jubilosamente. Ellos lo ven como un extraño, pues no se reconocen a sí mismos. No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo recordarán. Y Él los conducirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.

Cristo no se olvida de nadie. Nodeja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue instituido. Él no se ha olvidado de ti. Mas tú no lo podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace. El que niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.